"Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar." Bertrand Russell

sábado, 11 de marzo de 2017

La cuarta internacional del corazón

"...como tú, sintiendo la sangre arder
me abracé sabiendo que iba a perder...
Siempre encuentras algún listo
que sabe lo que hay que hacer
que aprendió todo en los libros
que nunca saltó sin red."
Yo también nací en el 53 (Ana Belén)

Chocamos las manos ante la coincidencia de pensar ambos, la misma tonta broma. Reímos como enajenados, celebrando encontrarnos en la misma sintonía de pensamientos desatinados. 
Las carcajadas no encajaban en la escenografía de ese bar de Avenida de Mayo, donde García Lorca solía pasar horas de su estadía en Buenos Aires. A esas horas de la mañana, desentonábamos del resto de los parroquianos tan absortos ante las pantallas de sus notebooks o smartphones.  r
A manera de escueto menú, nuestras charlas cuentan con pocos platos a saborear. Música, libros, fútbol y mujeres conforman la carta del día. En un silencioso e implícito pacto hemos desterrado la politica de la lista, nos hemos indigestado lo suficiente para probar de ese plato amargo.
A modo de marxistas irreconciliables, siento que las vivencias de mi compañero transitan por una etapa de furibundo troskismo.
Exultante por su estado de revolución permanente afectiva, se encuentra propenso a propulsar la rotación de quienes puedan  sentimentalmente estar a su lado, resaltando el real ejercicio de la democracia para decidir con quien compartir sus días y la cama. Milita con las banderas del internacionalismo romántico como estandarte.
Desde la vereda opuesta, mi estalinismo afectivo buscar aferrarse al desarrollo del socialismo con una sola persona, bajo la tranquilidad burocrática del centralismo pasional. Con la suficiente cantidad de bombardeos sobre el lomo, defiendo la tranquilidad a cualquier precio, exiliando al gulag de la indiferencia a quien pretenda sabotear  esta calma. A modo de paradójica autodefensa, cierto es decir que he llegado a apreciar el culto a la personalidad, luego de sufrir como expresa Calamaro, varios Vietnam...hechos de saliva y sangre.
Habiendo compartido la toma del Palacio de Invierno, donde hemos vivido la lisergica inestabilidad de las amenazas de ser expulsados de allí en varios momentos; a pesar de todas las diferencias nos seguirá uniendo esa pasión por esa bandera roja que provoca que la vida merezca ser vivida.

viernes, 10 de marzo de 2017

TODOS SOMOS INQUILINOS

Apenas somos un solo:una sola infancia, un solo camino, una historia sola, pequeña, estrecha, contradictoria. ¿Porque conformarse con tan poco? ¿Porque negarse a conocer y a inventarse nuevos caminos? ¿ Por qué no buscar, salir a la calle y buscar entre miles como nosotros, historias apasionadas, tristezas infinitas, amores eternos y fugaces? ¿Para que crear, si no es para romper esa miserable individualidad que nos encierra entre las rejas de nuestra única vida?
(Parrafo del libro "Polo, el buscador" de Hugo Montero y Ignacio Portela, Editorial Sudestada)




La infancia nos pertenece hasta el infinito, los años no se sucederán jamás. Hasta que alguien nos sorprende anoticiandonos acerca de la verdadera identidad de Papá Noel, Los Reyes Magos y el Ratón Perez. Las primeras erecciones, la primera menstruación, el crecimiento del bello púvico, el desarrollo de los senos; nos indican que los cuerpos han comenzado a hablar otro lenguaje, los rubores no solo son de vergüenza y otra pulsión invade nuestros cuerpos. Aquellos instantes, que nos expulsan de la morada de la niñez.
Comenzamos a locar en ese estado de continuo descubrimiento llamado adolescencia, donde nos convencemos que nuestros padres no entienden nada  por donde va la vida, establecemos amistades cómplices descontado nos van acompañar el restos de nuestras días, nos sentimos morir ante el primer fracaso amoroso pensado que de ese dolor no nos recuperaremos jamás, las primeras incursiones nocturnas, interminables paradas ante el espejo hacen desconfiar de quien vemos frente a nosotros pueda llamar la atención de alguien que nos interesa sobremanera, nos enclaustramos en nuestros dormitorios con el techo como único horizonte y aquellas canciones que se repiten hasta el infinito. De golpe el arrendamiento de la pubertad culmina  casi a la par de la entrega de un diploma en una ceremonia donde nos prometemos que nada va a ser adiós si no un hasta luego y que esa novia nos acompañará hasta alcanzar el paraíso de la felicidad. 

Salimos a la vida, y logramos sorprendentes records de horas sin dormir, realizando todo tipo de actividades o haciendo desbordes inimaginables. Subidos a cualquier tren, rara vez se practica  algo en forma metódica. Deportes hasta estado de agotamiento; lecturas apasionadas; militancias sin descanso; alcohol, tabaco o drogas en cantidades medicamente reprochables. Hasta que en la mayoría de los casos alguien se cruza en nuestro camino y creemos enderezar nuestras vidas por rutas mas tradicionales, donde se acumulan al viaje hijos y familias. Allí, llega la notificación certificada comunicando que se ha acabado el arrendamiento de ese espacio denominado juventud.
Nos alojamos en otro lugar, menos placentero, sujeto a mayores clausulas, más rígido. Espacio de escasa circulación de aire que a veces se torna irrespirable. Solemos romper contratos, descubrimos a otros y abandonamos a aquellos, comenzamos un ensamblado no exento de complejidades en el armado.

A partir de allí notamos que las pérdidas son mayores y que nada nos pertenece, sólo pasan por nuestras vidas con la engañosa sensación de adquirir el dominio de ellas. Comienzan la contradicción de aquí en adelante permanente, del miedo a la soledad y el hastío de las compañías. Con ella viviremos hasta el fin de nuestras vidas, habiendo caducado la madurez y comenzando el ultimo estadío al que algunos llegan y otros quedan en el camino.
Las identidades, patrias y fidelidades volarán por los aires en enésimas cantidades; cuando los tiempos de añorar otros más lejanos, idealicen territorios inexistentes.
Todos es provisorio, fugaz, etéreo. Al darnos cuenta que nada es para siempre, la mayor de las veces comprobamos que la única seguridad, es haber llegado mal y tarde a todo lo que hoy deseamos y mañana desecharemos.
Las consecuencias lógicas de ser eternos inquilinos.


jueves, 23 de febrero de 2017

Cuenta Saldada



Es difícil determinar en que momento de la vida, uno empieza adquirir recuerdos que quedarán guardados en algún lugar indeterminado de nuestro corazón o de nuestra memoria; quizás se alojen en ambos lugares y resulta todavía más inescrutable en que momento volverán a ver la luz o quizás terminen muriendo en las sombras de nuestro interior.

Cuando se es es joven, todo es material de archivo para el futuro. Con la salvedad de tempranas muertes de seres queridos u otros hechos aún más atroces; en la juventud los recuerdos son cosas del futuro.

Cuando los calendarios van tapizando el piso y hacen las veces de larga alfombra roja a la entrada de la madurez esos recuerdos aparecen, los disparan algún encuentro casual o previamente organizado dado la facilidad de promoverlos hoy a través de las redes sociales.


Con la secundaria cursada a fines de la década de los setenta del siglo pasado en el colegio Dante Alighieri , aquel ubicado en la calle Oroño 1100, este tipo de encuentros se ha hecho habituales como en cualquier lugar del país.

Facebook, permite anoticiarnos que aquella esmirriada morocha de tez blanca y cabello recogido con quien mantuvimos un noviazgo de media hora devino con los años en una talentosa Ingeniera en Informática que formó familia y desarrolla hoy su vida en Londres. Encontrarla a través del Face comenzó siendo un encuentro público en sus muros, como aquellas tardes de primavera tomados de la mano en los bancos del Parque Independencia para con el paso de los días  transformarse en chats privados que rememoraban a esos besos robados aprovechando las primeras sombras de la noche y la frondosidad de aquellos arboles florecidos en aquella lejana primavera.

En Rosario , lugar que nunca abandonó, cuesta mantener a la familia dando clases de literatura. Alumnos entregados a los brazos de la desidia , el chateo ininterrumpido y esas aulas en la que sienten pasar las horas en territorio enemigo. El hogar espera a  hijos adolescentes que han declarado la guerra familiar para sostener a rajatabla los principios del parricidio y un matrimonio de más dos décadas que torna más difícil encontrar la explicación de donde se perdió aquella magia; transforman a esas conversaciones virtuales en adrenalina pura.

Rosario es también  el lugar de residencia de los padres de la Ingeniera. Una carrera prestigiosa, de la mano de una situación económica acomodada permiten la visitas a su familia, en un viaje bienal respetado a rajatabla.
Desde los bordes del barrio de Paddington en el corazón de Westminster hasta esa vieja casa en Laprida y Rioja donde el Monumento a la Bandera, el bar El Cairo y la redacción de "La Capital" son puntos equidistantes cada setecientos días la peregrinación se repite.
De igual manera que se han repetido los furtivos encuentros en los cafés que no existian en aquella adolescencia.
Para llegar a ellos se atravesaron todos los pasos de rigor, remembranzas de aquellos días de música de cassette, el que hubiera pasado si...., y el porque no nos encontramos cuando vengas.
Y a medida que los viajes se sucedían, menor era la compañía familiar venida desde las Islas. Hasta llegar el inevitable viaje en soledad, que prestaba la ocasión para gatillar de una buena vez en blanco sobre negro las palabras no dichas con anterioridad, para preservarse de la toma de riesgos que ninguno de los dos en apariencia deseaban tomar.
De aquel virginal noviazgo adolescente  a este encuentro de los cuerpos en ardiente madurez. Los miedos naturales a las bruscas decepciones que desbarracan encuentros tantas veces idealizados. 

Hicieron el amor y como en un pacto silencioso evitaron amarse o cogerse. Llevaron a la cama la frialdad y distanciamiento de un texto postmoderno y el invierno londinense.
La madurez asesinó al rubor y la pulsión, quizás la sensatez envió sicarios para darle silencio eterno a los sentimientos.
No muy felices y sin miedos, ambos decidieron que el otro no era lo que cada uno de ellos necesitaba.  
De aquellos recuerdos de la Dante; en la que se mezclan horas libres, recreos, viajes de fin de curso, eternas caminatas sobre plazas y costaneras; solo quedaba esta materia. Una gris asignatura pendiente.

martes, 10 de enero de 2017

La esperanza de Brian




"Hay dos maneras de aglutinar a la gente. La esperanza y el miedo".
                                                                       (Brian Eno)

Su nombre quizás no resulte conocido para el gran público, sin embargo  el aporte a la música por parte de Brian Eno sea uno de los más significativos en la segunda mitad del siglo veinte y lo que va del presente. Su trabajo se encuentra desde sus comienzo ligado a lo que podríamos denominar experimentación. Desde sus inicios en Roxy Music, ( "Roxy Music" (1972) y  "For Your Pleasure" (1973) banda inglesa liderada por Brian Ferry, sus trabajos solistas y su aporte creativo desde la producción a artistas tan variados como U2 ("The Unforgettable Fire",  "The Joshua Tree", "Achtung Baby", "Zooropa".), David Bowie (productor y co-autor en sus discos correspondientes a la trilogía de Berlin "Low", "Heroes" y "Lodger"), Talkin Heads, Laurie Anderson, Coldplay y muchos más le han hecho ganar un espacio preponderante en el escenario mundial de la música. Habiendo sido además uno de los creadores de la música "ambient", quizás sus obras más escuchadas por millones de personas en el planeta que desconocen el autor de las mismas sean el archivo de sonido de inicio de sesión de Windows 95  que aún se encuentra en las versiones actuales como "The Microsoft Sound" y el tema de bienvenida de Windows XP en su instalación, cuyo archivo se encuentra en el mencionado sistema operativo, como "title.wma".
Eno, decididamente es un avanzado en la industrial musical, dotado de una gran formación académica y un inquieto investigador en búsqueda de nuevas formas de vinculación entre la músicas y las diversas expresiones del arte y la modernidad.
Todo lo escrito hasta aquí, es solo la manera de presentar al autor de la   carta abierta que publicó el 1 de enero del 2017, donde a pesar de las calamidades que azotaron al mundo durante el año 2016, insiste en una premisa fundamental para dar un hilo de luz a nuestros días, abrir la puerta de la esperanza:





El consenso que tienen la mayoría de mis amigos es que el 2016 fue un año terrible, el comienzo de un largo declive hacia algo que ni siquiera queremos imaginar.

El 2016 fue, efectivamente, un año bastante duro, pero me pregunto si acaso es el final, no el comienzo, de este ‘largo declive’. O al menos el comienzo del final de este declive…Porque yo creo que hemos estado en declive desde hace al menos 40 años, soportando un lento proceso de des-civilización que no habíamos notado hasta ahora. Me recuerda a la historia de la rana parada sobre un sartén en donde el agua hierve lentamente.

Este declive incluye la transición de una empleabilidad segura a una precaria, la destrucción de sindicatos y derechos a los trabajadores, contratos a boleta, el desmantelamiento del gobierno local, sistemas de salud que se caen a pedazos, sistemas educacionales sin fondos y gobernados por exámenes sin sentido y tablas de posición, la estigmatización de los inmigrantes, el nacionalismo desenfrenado, y la concentración de prejuicios que permite el internet y las redes sociales.

El proceso de des-civilización creció desde una ideología que despreciaba la generosidad y que aplaudía el egoísmo indulgente (Margaret Tatcher: “La pobreza es un defecto personal”. Ayn Rand: “El altruismo es malvado). El énfasis en este individualismo sin límites ha tenido dos efectos: La creación de una gran cantidad de riqueza y la distribución de esta riqueza entre cada vez menos manos. En estos momentos, las 62 personas más ricas del planeta tienen tanto dinero como la mitad más pobre de la población combinada. La fantasía Tatcher/Reagan de que esta riqueza ‘chorrearía’ hacia abajo y enriquecería a todos simplemente no ocurrió.

De hecho, sucedió lo contrario: Los sueldos de la mayoría de la gente han ido reduciéndose desde hace al menos dos décadas, mientras que sus futuros (y el futuro de sus niños) se ve cada vez menos prometedor. No es de extrañar que las personas estén enojadas y se estén alejando de las formas más tradicionales de gobierno. Cuando los gobiernos le prestan más atención a quien tiene más dinero, las enormes diferencias en la distribución de la riqueza parecen burlarse de la idea de democracia. Como dijo George Monbiot: “La pluma es más poderosa que la espada, pero la billetera es más poderosa que la pluma”.

El año pasado, la gente comenzó a darse cuenta de esto. Muchos de ellos, en su ira, agarraron el objeto más parecido a Donald Trump que encontraron y golpearon al establishment con él. Pero esos solo fueron de los despertares más prominentes y notorios para los medios. Mientras tanto, ha pasado algo más tranquilo pero igualmente poderoso: La gente se está repreguntando lo que la democracia significa, lo que la sociedad significa, y qué tenemos que hacer para hacerlos funcionar de nuevo. La gente está pensando de manera intensa y, más importante, está pensando en voz alta, juntos. Creo que vivimos un proceso de masiva desilusión durante el 2016, y decidimos que por fin es hora de salir del sartén.

Este es el comienzo de algo grande. Va requerir compromiso: No solo tweets, o likes, o swipes, pero también acciones políticas consideradas y creativas. Va a requerir que nos demos cuenta que algunas cosas que dábamos por aseguradas (algún semblante de verdad en lo que se informa, por ejemplo), ya no se pueden esperar de manera gratuita. Si queremos buen reporteo y buen análisis, tenemos que pagar por él. Eso significa DINERO: Financiamiento directo para las publicaciones y sitios web que luchan por contar las cosas desde una perspectiva alejada del establishment. Del mismo modo, si queremos que nuestros niños sean felices y creativos, tenemos que hacernos cargo de la educación, no dejársela a ideologías o gente que privilegia la ganancia personal por sobre todo. Si queremos generosidad social, tenemos que pagar nuestros impuestos y eliminar los paraísos fiscales. Y si queremos políticos considerados, tenemos que dejar de votar solo por los carismáticos.

La inequidad se come el corazón de la sociedad, cultivando desdén, resentimiento, envidia, sospecha, bullying, arrogancia e insensibilidad. Si queremos un futuro decente, tenemos que rechazar esas cosas, y creo que ya empezamos a hacerlo.

Hay tanto que hacer, tantas posibilidades. 2017 debiese ser un año sorprendente.

- Brian


viernes, 6 de enero de 2017

Andenes


Manden noticias del mundo de allá

A quien se queda
Denme un abrazo vénganme a esperar
Voy llegando



Lo que más gustó es poder partir
Ya sin miedo
Mejor ahora es poder volver
Cuando quiera



Todos los días, como en un vaivén
La gente que vibra sobre la estación
Hay gente que viene para quedar
Otros que se van para nunca más



Hay gente que viene, quiere volver
Otros que se van, quieren luchar
Otros han venido, para mirar
Otros a reír y otros a llorar



Y así llegar y partir
Son sólo dos lados de un mismo viaje
El tren que llega
Es el mismo tren de la ida



La hora del encuentro es también despedida
La plataforma de esta estación
Es la vida de este mi lugar
Es la vida

De este mi lugar, es la vida.

"Encuentros y despedidas" (Milton Nascimento)

Diciembre es historia, antigua y reciente, con la clásica bipolaridad con la cual atravesamos el último mes del año.
Con mandatos derivados de como los gregorianos dividieron el tiempo, esa décima segunda fracción del almanaque, se torna internamente como partera de una nueva historia que voluntariosamente imaginamos y deseamos naciendo con el primer minuto del nuevo año. De igual intensidad nuestra intención es que ese treinta y uno funcione como sepulturero de todas las desgraciadas acontecidas en los últimos trescientos sesenta y seis días, y de ser posible permita llevarse todas aquellas originadas en tiempos anteriores.
Y con distintas mochilas  nos sentamos en una misma mesa quien perjuramos que esta sí será la última misa en escena de la cual descreemos desde tiempos inmemoriales, anhelando tener el mismo huso horario de Australia y que lo que vamos a vivir en las próximas cuatro o cinco horas o las que el alcohol dictamine sería en ese preciso momento parte del pasado. Frente a nosotros se encuentran también los deseosos que esa orgía gastronómica celebrada una vez al año, no culmine nunca. Posiblemente en una de la cabeceras se siente quien, en silencio analiza que ha hecho de su vida para ir transitando los últimos tramos de su vida rodeados de descendientes de los cuales conoce muy poco y a los cuales no comprende mucho  tratando de desentrañar cual ha sido el pase de magia que los transformo de ansiosos esperadores de un personaje interpretado por el más obeso de los asistentes, quien transpira por un vestuario que le han adosado y que convierte la tórrida noche de navidad en un horno de fundición; a estos seres con siluetas humanas abstraídos de otra cosa que no sean sus celulares-
A la hora de los brindis, las historias interiores se bifurcan en tantos caminos como comensales haya.
En cada copa hay planes tan distintos,de manera tal que en una rebalsa los ùltimos esfuerzos de sostener lo que alguna vez se pudo denominar una familia y en otra los planes para comunicar que esa misma familia volará en pedazos con las primeras horas de la mañana.

Estarán aquellos, que tienen planeados con el brindis del año nuevo poner en marcha el reloj de la cuenta regresiva que los acerque al día que inicien un nuevo proyecto de vida con alguien que han descubierto es capaz de despertarles el deseo ya conocido, de iniciar el temerario sueño de construir una nueva pareja.
Muchas copas estarán servidas con un trago mezcla de champagne y lágrimas por la reciente pérdida de algún ser querido, que se fue en el año que termina por fin de irse.
En alguna mesa, estará el adicto resistiendo tentaciones con pocas ganas de decir los porque de sus brindis con agua o con gaseosa,y haciendo caso omiso a invitaciones de brindar con algo, porque una copita no te va a hacer nada y contando hasta diez para no vomitar un insulto que de una vez por todas lo deje en paz.


Reuniones numerosas, conformadas de múltiples soledades. Y también soledades afrontadas con la firme convicción que la calma de esa cocina en silencio, le otorga la oportunidad de pensar sin densas e inoportunas interferencias. Todos vamos en viaje hacia a algún lado, difícilmente pueda existir un tren que colectivamente nos pueda alcanzar a tan variados destinos.
En esos viajes interiores, anualmente nos paramos en los andenes y fingimos impúdicamente que el destino del otro ciertamente nos interesa.
Existe un viejo dicho que en la vida, el tren pasa solo una vez en la vida, cabe preguntarse cuanta consistencia tiene esa frase. A la luz de los años, hemos subido a formaciones y llegar a buen puerto, viajar para desencontrarnos, haber descarrillado dejando victimas. Aún así pareciera que buen consejo, andar con el bolso armado para iniciar un nuevo viaje.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Lluvia, en un tarde de noviembre.




Cuando miro dentro de tus ojos
puedo ver un amor contenido
pero cariño cuando te abrazo
¿no sabes que siento lo mismo?

porque nada dura para siempre
y nosotros dos sabemos que el corazón puede cambiar
y es difícil tener una vela
en esta fria lluvia de noviembre

Hemos estado en esto por mucho, mucho tiempo
simplemente tratando de matar el dolor

pero los amantes siempre vienen y los amantes siempre se van
y nadie está realmente seguro de a quién esta dejando ir hoy,
alejándose

si pudiéramos tomar el tiempo
para dejarlo en la línea
podría descansar mi cabeza
simplemente sabiendo que fuiste mía
toda mía
así que si quieres amarme
entonces cariño no contengas
o simplemente terminaré caminando
en la fría lluvia de noviembre

tú necesitas tiempo... para ti
tú necesitas tiempo... sola
todos necesitan algo de tiempo, para si mismos
para si mismos
no sabes que necesitas algo de tiempo... sola

Sé que es difícil tener un corazón abierto
cuando hasta los amigos parecen herirte
pero si pudieras curar un corazón roto
no habría terminado el tiempo para hechizarte

A veces necesito algo de tiempo... para mí sólo
a veces necesito algo de tiempo... sólo
todos necesitan algo de tiempo
para sí mismos
no sabes que necesitas algo de tiempo... sola

y cuando tus miedos remitan
y las sombras aún permanezcan
sé que puedes amarme
cuando no hay nadie a quien culpar
pues no importa la oscuridad
aún podemos encontrar un camino
nada dura por siempre
incluso la fría lluvia de noviembre

no pienses que necesitas a alguien
no pienses que necesitas a alguien
todos necesitan a alguien
tú no eres la única
tú no eres la única
Todos necesitan a alguien ...
no eres la única

("November rain" Guns N'Roses)

Noviembre no es un mes al cual recuerde de los años vividos, con demasiado afecto. En esa undecima parte del año, vi partir a mi padre cuando mi adolescencia se encontraba transitando el largo precipicio de los descubrimientos. En igual mes pero muchos años después, dinamité mi primer matrimonio.
Cada cuatro años, enfrento en noviembre la incertidumbre de saber si tendré una fuente de ingreso o saltar al vacío de quedarme sin trabajo y poner en el cuenta kilómetro en cero para comenzar a transitar un nuevo camino que nunca tiene destino cierto.
En particular este noviembre de 2016, asomó plagado de las sombras que contienen la amenaza que personas que algún momento fueron parte de tu vida desde algún lugar, pudieran dejar de existir tras más o menos largos períodos de pelea contra el cáncer. 
Y así vi partir a Diana, madre de Facu, con quien compartí ver la llegada de nuestros hijos a aquel colegio de barrio instalado en aquellos escasos petit hoteles del barrio de Flores que todavía resistían la avidez inmobiliaria que los iría demoliendo en pos del nacimiento del horribles departamentos montados en torres impersonales. La última vez que la vi, estaba junto a su marido después de haber concretado una reunión vía telefónica para realizarme una consulta jurídica. Jamás pensé que ese asesoramiento versaría sobre la conveniencia o no de seguir trabajando, o encontrar una vía alternativa de jubilación o despido ante el desafío de dar pelea por su vida sabiendo que la lucha sería inevitablemente desigual. La noticia de su muerte, me encontró reflexionando sobre algo tan remanido sobre el inflexible paso del tiempo y con él, que las despedidas ya no son de nuestros mayores sino que hemos quedado ya en la primera fila de combate y que pertenecer hace vanguardia hará inevitablemente que formemos parte poco a poco de los partes de bajas. Con ella, se fue parte del recuerdo fresco y vital, del jardín de infantes de Axel, aquellos primeros cumpleaños en peloteros y esos dibujos que aún guardo donde mi hijo dibujaba nubes, casas y arboles con dos muñecos de distinto tamaño en los cuales en la parte inferior anotaba con su iniciatica escritura su nombre y el de Papá.
Sobre el ventanal de una casa quinta arrumbada, y reacondicionada para albergar a chicos que tratan de escapar de la muerte a manos de las drogas, fui parte de una antigua cofradía que celebraba un cumpleaños, quizás a modos de despedida, de un amigo que padece también el mismo mal. La lluvia agrega connotaciones que a cada uno de nosotros nos afecta de distinta manera, no me pareció un mal escenario para transcurrir cuatro horas entre viejas anécdotas y recuerdos entre quienes ya nada tienen en común pero que pertenecieron a ese lejano territorio que es la República de la Adolescencia. Mientras por la ventana veo el aguacero sureño caer sobre los jardines, me convenzo que posiblemente esta será la última visita que haré a ese lugar, que hoy se puebla de bromas y risas y que siento que jamás volverá a ser así. Trato de guardar en mi memoria hasta el últimos de los detalles, quiero archivar su sonrisa, sus abrazos y esos te quiero y gracias tan profundo, que me obligan a disimular alguna lágrima y que me somete a las obligatorias mentiras de las despedidas para exclamar que muy pronto nos volveremos a ver.
Tan solo cuarenta y ocho horas después, en un lunes de un fin de semana largo ya bastante cargado de emociones fuertes y tristezas deportivas, mientras trato de retomar la lectura de una novela que quedo a la deriva en rincón de una mesa por falta de fuerzas para recuperar el poder de la imaginación, suena el teléfono varias veces tanto el fijo de casa como el celular que me resisto a atender hasta que la insistencia vence a mi voluntad de aislamiento. Con esa llamada vuelvo a mundo real y el de las malas noticias. Mabel, hermana de uno de mis mejores amigos acaba de morir victima de un cáncer de páncreas luego de ocho meses de pelear contra la invencible fortaleza de muerte.
Escribo esto a manera de exorcismo, de dejar atras el dolor, de quedarme con los mejores recuerdos y para convencerme que la vida sigue y el laberinto de los lamentos puede paralizar, y restarme espacio para disfrutar el tiempo que me quede. Esa carrera contra el reloj, esa pasión inútil en palabras de Sartre donde el resultado está por demás cantado y de la cual solo importar no quemar las horas en cosas sin sentido.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Otro Dylan





En mi oficio u hosco arte 
ejercido en la noche en calma 
cuando sólo rabia la luna 
y los amantes descansan 
con sus penas en los brazos, 
trabajo a la luz cantora 
no por ambición ni pan 
lucimiento o simpatías 
en los escenarios de marfil 
sino por el común salario 
de su recóndito corazón.

No para los soberbios aparte 
de la rabiosa luna escribo 
en estas páginas rociadas 
por las espumas del mar 
ni para los encumbrados muertos 
con sus ruiseñores y salmos 
sino para los amantes, sus brazos 
abarcando las penas de los siglos, 
que no elogian ni pagan ni 
hacen caso de mi oficio o arte.


(Dylan Thomas, "En mi oficio u hosco arte")