Lunes, otra vez.



"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo."
                                                    ( ¨Historia de dos Ciudades¨, Charles Dickens).


¨Dos mil diecisiete ya fue¨ esa fue mi sentencia, basada como casi es costumbre en ningún hecho que lo pudiera respaldar.
¨Diciembre es el lunes del año¨ contraatacó Castelli, y con esa frase ,como casi también es costumbre, me llevó a estar sentado frente al cuaderno.
Con sus palabras, el último de mes del año; de adquirir el peso y el fastidio que la mayor parte de la humanidad que aún tiene trabajo siente ante el primer día hábil ,se torna denso.
Si diciembre es lunes, es rutina, fin del descanso, obligaciones, horarios, caras somnolientas y una larga espera hasta la llegada del descanso. Y un lunes en la peor de las versiones es aquel en donde te comunican que dejaste de tener trabajo.
Buscando imágenes que vinculen al lunes, caigo en la cuenta que la definición de Castelli sobre el último mes del año es no solamente certera, sino que también lúcida y precisa.
En Argentina, sobran los motivos para considerar el dos mil diecisiete como un eterno lunes. El desaliento, el enojo, la bronca en un loop infinito.
Ante este escenario, y solo con la tozudez de abrazarme a la esperanza de mejores tiempos, prefiero distanciarme de esta foto que nos muestra diciembre para repasar la película del año. Allí anidan escenas que reconfortan el alma y permiten seguir en la ruta, evitando irte a la banquina.
En tiempos de espiritualismos lights e individualistas, que son servilmente funcionales a una sociedad cada vez más injusta e inequitativa; aferrarse a los sentimientos y emociones es tomar el riesgo de ser considerado como un narciso o estar literalmente convertido en un pelotudo. Pese a ello reivindico la decisión de quedarme con lo bueno vivido a lo largo de estos trescientos y pico de días. 
Que Mirás?; ese proyecto radial mágico, lúdico del cual hasta hace poco fui parte con Adrián y Jorge quedará grabado en mi como un tatuaje, aunque el lunes se aproxime a paso galopante. Allí tuve una trinchera donde esconderme de las balas dos horas por semana. El talento de mis amigos me abrigó en un invierno duro y desapasible. Ambos fueron conmigo cruzando el océano, y el proyecto me hizo mirar todo en función a él. Por eso los paisajes iban en sincronía con una canción y no con otra. Las ciudades estaban hechas por la obra de determinados escritores y poetas, y esas palabras daban color a cada calle.
El lunes deja de tener importancia, cuando me encuentro conversando con Axel sobre el sentido de la vida, la realidad y también la fantasía necesaria para ser feliz. Y me pregunto cual fue el momento en que ese tipo de metro ochenta y pico, dejó de ser un pibe y se transformó en este hombre con el que disentimos en muchas cosas, nos une el amor por una camiseta y que cada tanto busca resguardo ante las primeras fricciones que va sufriendo su tierno corazón.
Felipe, Bautista y Francisco me arrebatan concesiones y permisos que en teoría nunca hubiera otorgado. Ellos saben que sus besos y abrazos son letales, y sus “te quiero mucho” dicho por dos de ellos en un balbuceo que altera consonantes, le quita importancia a cual es el día siguiente.
Los encuentros semanales con Juan, Bocha, Marcelo y Omar; tiene la misma proporción de profundidad, aguante ante las malas y delirios que bien podría ser que un día de estos propongamos un nuevo calendario donde el lunes sea abolido.
También el lunes puede ser combatido, escudado en una sonrisa, en uno ojos almendra y en una piel que me hizo estallar los relojes y los días. Todo eso junto, hizo que el año valiera la pena. Lamentarse porque muchos de esos momentos, hayan quedado conjugándose en tiempos preterritos, es una opción. Hoy no es la que escojo.

Prefiero dejar el pesimismo, para tiempos mejores.

Comentarios

  1. Muy lindo y muy bueno. Falta algo, y es lógico, porque no se ve desde uno. Y es lo que uno hace a los demás, quién es uno en los que lo rodean. Esto que escribiste ahora, lo de la radio, los momentos que anotaste, todo, también es parte de la vida de cada uno de tus otros. Y esta historia continúa.

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